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::::: The Gurú on The Road::::::

"Al Pacifico y sereno no lo asaltan ni dañan alegrìa o tristeza.Intacto,entero,unido a sì mismo y a su ser interior, es invencible"
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Larry Bateman

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October 13

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May 12

La cumbia de la influenza |

 

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April 30

Trata de YouTube - Gallinazo

 

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Trata de YouTube - C2C DMC 2005 (album coming 2010)

 

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Playeras de Lucha Libre

 
 
Hagan sus pedidos de las Playeras mas cotorras del Pancracio Nacional, estas soló las viste la Socialité Luchistica  ¡¡¡¡¡¡¡¡
January 17

Trata de YouTube - Adanowsky - Estoy Mal

 

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Trata de YouTube - Adanowsky - Estoy Mal
  
January 13

Estoy Mal

 
Un dolor insoportable
me está comiendo el alma.
Nada que ver con la flama
de una pasión que arde.
Si supiera, por lo menos, qué me duele...

Los años me son infieles
y el sufrimiento, atroz.
Una sensación feroz,
como una muerte eterna.
Me han cortado las dos piernas,
se ha muerto Dios.

¡Estoy mal!
¡Infinitamente mal!
¿Y por qué?
Es un misterio fatal.

Nada que hacer, no encuentro
dónde ni cuando y qué.

Mejor sentarme y esperar
que vuelva lo que fue.
Ahora que me siento lacio,
me angustio.

¡Estoy mal!
¡Infinitamente mal!
¿Y por qué?
Es un misterio fatal.

Podría darme cuchillazos
aquí, en el corazón.
Por lo menos sufriría por alguna razón.
Por la calle gritaría
”¡Soy un huevón!”

¡Estoy mal!
¡Infinitamente mal!
¿Y por qué?
Es un misterio fatal.
January 02

EL IMPERIO PODRIDO / 1

 
Toda circunstancia admite varias interpretaciones. Mirar un objeto es rodearlo, así que un punto de vista inmóvil no supone dicha operación pues con él no se alcanza a mirar nada. Rodear un objeto es multiplicar sus interpretaciones, de tal manera que mostrar la muerte del imperio estadunidense también puede significar el anuncio de otra época que por fin comienza a emerger. Sin decirlo tan enfáticamente sino sólo sugerirlo, pues su libro Edad oscura americana. La fase final del imperio (Sextopiso, México, 2007), documenta con amplitud, al modo de un riguroso epitafio, el momento terminal del poder político hegemónico en el planeta hasta apenas ayer, Morris Berman propone quizá el comienzo de una nueva cultura emergente mientras va mostrando cuán carcomidos están los cimientos del poder norteamericano, de su economía, su sociedad, su moral y su cultura de masas.

Tan amargo y pormenorizado retrato es amargo también para el lector mexicano, pues todas las taras públicas y privadas del imperio estadunidense son planetarias pero están radicadas aquí como si fueran propias: la decadencia de ellos es la nuestra. O la de nuestros decadentes que forman las varias generaciones de gringos nacidos en México. La decadencia de nuestros políticos, por comisión o inercia procónsules del imperio todos. La de nuestros medios televisivos, clones de aquella sociedad banal del espectáculo. La de nuestros procesos privatizadores y antisociales, dictados para servir sus intereses y no los nuestros. La de nuestra feroz cultura urbana e individualista de la negación de los otros, de la despiadada competitividad.

Empecemos por el principio. Morris Berman advierte en la introducción al texto que en su opinión, la cual luego será fundamentada en más de 400 páginas de un ensayo que analiza con gran creatividad la información de múltiples fuentes y desde diversas perspectivas, el imperio norteamericano ha entrado a una fase final, de ahí que la denominación Edad oscura, incomprensible y exageradamente dramática para millones de estadunidenses, proponga solamente una similitud analítica e histórica con las condiciones que tuvo Occidente tras la caída de Roma: “cuatro características post Imperio Romano se aplican a nuestra situación actual”.

La primera característica es el triunfo de la religión sobre la razón. Berman afirma que ahora ocurre lo mismo que en el siglo IV: “la gradual sumisión de la razón ante la fe y la autoridad”, misma que ha llegado a límites extremos en el gobierno de George W. Bush, el “niño-emperador”, un presidente quien, “junto con su base evangélica”, cree estar cumpliendo una misión divina donde la fe aplasta la evidencia empírica: “un mandato de infalibilidad guía la vida de la Casa Blanca”, escribe el periodista Ron Suskind citado por Berman. El poder se vuelve teocrático y poseído: somos un imperio, afirman los asesores bushistas, y al actuar fabricamos la realidad. Y en mucho, atrozmente, así es, pues en las escuelas de secundaria los profesores dejan fuera del programa de estudios el tema de la evolución por miedo a las protestas de los padres fundamentalistas, el gobierno es hostil no nada más a la ciencia sino a la razón misma, se han minado seriamente los bienes culturales que alguna vez estableció la Ilustración occidental, y una visión religiosa se impone para definir el fenómeno del terrorismo.

La segunda característica es lo que Berman llama la crisis de la educación y la caída del pensamiento crítico. “Cada vez hay más pruebas de que, en términos intelectuales, este país ‘permanece en la oscuridad’ de manera manifiesta”. Así como en la Edad Media la mayoría obtenía todos sus conocimientos sobre el mundo de una sola fuente, la Iglesia, hoy la mayoría de la población estadunidense los obtiene de la televisión. Berman se pregunta por el significado de que esa ignorancia –y un manifiesto orgullo por la misma– se exprese desde la Casa Blanca.

Así el autor escribe sobre el exitoso comportamiento robótico de Bush en el contexto nacional. Su mundo simplista y medieval, concebido como el campo de batalla entre el Bien y el Mal, su falta de flexibilidad, de curiosidad intelectual, su aversión a la ambigüedad, su ignorancia histórica y su condicionamiento por los medios masivos, hacen de Bush un espejo donde el público mayoritario y anónimo se reconoce: “el Mundo Bush no es tan sólo el resultado de un ganador que se regodea en su triunfo, es un conjunto de ideas, valores, símbolos y políticas” (Powers citado por Berman). En un mundo como ése todo análisis político e histórico no significa otra cosa que la mecánica repetición de unas cuantas frases oídas la noche anterior en el noticiario televisivo.

La tercera característica –la más representativa de los regímenes preilustrados, oscuros y bárbaros–, es la legalización de la tortura, la más o menos reciente creación de “un gulag” estadunidense sancionado por la ley y aplicado por el gobierno contra todo aquel que, sin requerirse procedimiento alguno, decida hacerlo, se trate de sus propios ciudadanos o de extranjeros, sea dentro en sus fronteras o en otros países. De ahí el patológico sadismo que las tropas y las agencias de seguridad y justicia de ese pueblo perpetran, cada vez con mayor crueldad y más avanzada tecnología, en cualquier rincón del planeta, sin tener ninguna reserva moral para llevarlo a cabo. Justificándolo hipócritamente como un derecho, ideologizándolo incluso como si fuera un bien.

Fernando Solana Olivares
December 14

ALEGATO SOBRE LAS DROGAS/ I

El que esté libre de adicción que tire la primera piedra. Adicciones hay muchas, son incontables y, desde luego, consustanciales a este estado de conciencia que llamamos humano. Adicción a uno mismo, en primer lugar, y después una serie sin fin de conductas incontroladas y dependientes: adicción al poder, al dinero, al sexo, a la política, a los carbohidratos, al internet, al juego, a los fetiches, a las enfermedades, al celular, a las compras, a la catástrofe, a los refrescos, a las películas, al ejercicio, a los barbitúricos, a la anorexia, a la seducción, a las emociones: adicción a la adicción.

Somos adictos a muchas cosas pero penalizamos las drogas. ¿Qué son las drogas? Simplemente aquello que se designa como tal: esas sustancias anatematizadas sobre las que se construye un consenso público, inducidamente histérico y manipulado, que declara y promulga su nocividad. Las pruebas objetivas para acreditar dichos consensos no le hacen falta a un sistema hegemónico que controla mentes, fomenta miedos e inventa leyes mediante sus elásticas e interesadas versiones de la verdad.

Hace unos años escribí las siguientes líneas que parecen todavía actuales, a pesar de asegurar la existencia de un proceso mundial de legalización de ciertas drogas que luce interrumpido ahora, y de afirmar que ningún partido político mexicano se preocuparía por el asunto, afirmación sobre la cual pido disculpas, pues este oportuno foro convocado por el diputado Víctor Hugo Círigo y un sensible grupo de asambleístas del PRD, afortunadamente ha puesto en claro mi equivocación. Aquí vuelvo a decir aquellas líneas.

Si la tendencia europea es irreversible y la norteamericana se afianza como hasta hoy, el consumo de mariguana será paulatinamente legalizado en el primer mundo. ¿Qué va a pasar en México, donde la cultura de su uso es tan prominente desde hace tiempo? No parece imaginable que alguno de los partidos políticos del país, tan similares entre sí, se interesen por el tema. A excepción de algunos legisladores aislados y audaces que el surrealismo nacional pueda hacer surgir, la discusión del tópico molesta los intereses creados, espanta la doble moral y afecta la cultura alcohólica, uno de los sostenes de ese corte de comunicación con el logos vegetal que llamamos mundo moderno, o sea: “un planeta que agoniza bajo el peso de la anestesia moral” (McKenna).

No existen protocolos de investigación médica veraces que justifiquen las razones por las que en el siglo pasado se prohibió el uso de la mariguana. Así como el capitalismo inventa enfermedades o propaga ideas y comportamientos, sistemáticamente engaña al ciudadano. La prohibición de la mariguana fue una operación expropiatoria inducida en 1930 en Estados Unidos por compañías químicas y petroleras interesadas en eliminar la competencia del cáñamo para la producción de lubricantes, comida, plástico y fibras. La prensa amarillista desató la histeria pública llamándola “hierba de la muerte” o “marijuana”, la vinculó al submundo de piel oscura, a los greasers latinos, y logró su proscripción.

Esta es la historia funcional, pero además hay otra. Los valores burgueses modernos no pueden tolerar, a riesgo de evaporarse como el humo de un toque, el suavizamiento del ego, el atemperamiento de la competitividad y la interiorización que la mariguana provoca. La cultura predominante prefiere utilizar otras sustancias, drogas del ego como el alcohol, drogas planas como la heroína y la televisión, para mantener su diseño de mundo. La mariguana permite alcanzar una sutil disolvencia de los límites personales sin llevar al usuario al abandono de la sociedad común. Al hacerlo se cumple un anhelo arcaico e innato del sujeto que el control social inhibe porque considera potencialmente amenazante.

Sin embargo, el cáñamo es una de las plantas que más tiempo ha estado al lado de los seres humanos. Sus restos se han encontrado en los primeros estratos arqueológicos y hoy en día es el cultivo personal más grande que existe. De Asia Central viajó a África y adaptado al frío cruzó los helados puentes hasta llegar a América. “A causa de su pandémica extensión y adaptabilidad ambiental, la cannabis tuvo un gran impacto en las formas sociales humanas y en las autoimágenes culturales” (McKenna). Múltiples nombres en cientos de lenguas se han utilizado para nombrarla: la primera denominación conocida hasta ahora en un papiro asirio es kunubu, la última será la que aparezca mañana. El registro de su venerable antigüedad está depositado en el lenguaje.

La desproporcionada reacción de los medios y los poderes públicos que ocurrió en las décadas de los 60 y 70 del siglo pasado por la longitud del cabello de los varones, cuando ascendió en todo el mundo occidental el consumo de mariguana, mostró la percepción de peligro del poder político y económico ante la restauración de signos sociales fraternos, incluyentes y no sexistas, que desmoronaban la condición de consumidor egoísta. “El uso de la cannabis se considera herético y muy desleal con los valores dominantes y la estratificada jerarquía masculina. Esta es la causa de que la legalización de la mariguana sea un tema peliagudo, puesto que implica legalizar un factor social que puede mejorar o incluso modificar los valores egodominantes” (McKenna).

(Nota: Este texto, y su continuación, fueron leídos en un foro sobre la regulación del uso de la cannabis convocado por el grupo perredista de la Asamblea Legislativa del DF.)

Fernando Solana Olivares
November 01

Que mas

"Cada vez que tengo que hablar de lo que escribo me ocurre exactamente lo mismo: no sé qué decir. Si no me preguntan, lo comprendo; si me preguntan, no sé. Entre tantas tareas misteriosas para mí está la escritura. La frecuento desde hace muchos años, trato de serle fiel y mantenerme a su altura. No es un atributo mío sino al contrario, yo soy deudor de él. Cuando Joyce dijo: “Escríbelo, escríbelo, maldita sea, ¿acaso sirves para otra cosa?”, fijó los términos del trato fáustico que todo aspirante a amanuense debe aceptar: escribe, en lugar de vivir. Con el tiempo uno llega a entender que la escritura es otra manera, multiplicada y abundante, de vivir. Con el tiempo, acaso, uno llega a entender que la escritura conduce a la liberación interior."